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Los 'soñadores' viven pesadilla luego de que
Donald Trump puso al borde del abismo a casi 800.000 jóvenes inmigrantes que Obama protegia

El presidente Donald Trump decide terminar la Accion Diferida para Llegadas Infantiles. Es el nombre de una orden ejecutiva del presidente Barack Obama, que en 2012 decidió proteger de la deportación y dar un permiso especial de trabajo a los 'soñadores', inmigrantes que fueron traídos al país por sus padres siendo menores de 16 años, sin saber la responsabilidad en su situación.

Trump quiere que el Congreso encuentre una solución permanente para estos jóvenes, o que se acabe el programa.

La mayoría ya son jovenes que crecieron como norteamericanos, no conocen otro país y no tienen dónde volver. Se calcula que había 1,1 millones de personas en esa situación. Hasta este año, se han acogido a DACA más de 780.000 (la población de Dakota del Norte). El caso DACA típico vino de México (el 79% de ellos), llegó al país con 6 años y vive en California (casi un tercio de ellos) o Texas.

José López, gestor comercial de 27 años nos dice: “No me da miedo volver a ser indocumentado”
José López, en una terraza del centro de Los Ángeles.

“La gente tiene miedo. Le hemos dado toda nuestra información al Gobierno”. Así empieza la conversación José López sobre la situación que se les viene encima a los 'soñadores'. Si el Gobierno decide deportarlos, no tienen escapatoria. Están localizables y ese es el temor en esta situación. “Aunque yo creo que hay que hacer todas las entrevistas posibles”, añade. López tiene 27 años. Su madre lo trajo de Ciudad de México con un visado de turista a los cuatro años de edad. Se enteró de que era indocumentado cuando intentó sacarse el carné de conducir y su madre se lo tuvo que decir. “Durante años no se lo dije ni a mis mejores amigos”. Él quería ser médico, asegura, pero no lo buscó en serio porque sin papeles “no tenía sentido”. Hoy es activista del grupo de dreamers Dream Team LA y trabaja en la gestión de un sindicato, Food Chain Workers Alliance. No tuvo un contrato hasta que llegó DACA. “Ahora tengo tarjetas de crédito, me he comprado un coche”. El pasado martes, sobre las 2 de la tarde, después de que el fiscal general Jeff Sessions anunciara el plan para finalizar el programa, recibió la confirmación de que están revisando su renovación por dos años más. Había enviado su solicitud cuatro días antes, por si acaso. Ha olvidado sus planes de comprar una casa. Aunque no hay obligación de revelar tu situación y sería dudosamente legal un despido preventivo por el anuncio del Gobierno, López se lo dijo a su empleador, que se asombró de que estuviera con DACA y le ha prometido “hacer lo que sea”. Entretanto, su preocupación es utilizar ese tiempo para pagar el coche (“para que no me lo quiten”) y ahorrar dinero para vivir de él sin deudas hasta que vuelva a encontrar un trabajo. “No me da miedo volver a ser indocumentado, me da miedo no estar preparado”. “Sé vivir como indocumentado. Me preocupan los chicos que obtuvieron DACA con 17 o 18 años y no saben buscarse la vida de otra forma”. Si el ultimátum de Trump funcionara y el Congreso encontrara una solución permanente, “le mandaría una carta personal de agradecimiento”, admite. “Pero la forma de hacerlo no es poner a la gente en peligro”.


El testimonio de otra joven que crecio sin documentos nos relata:

Maribel Serrano, administrativa de 30 años“Ahora tenemos voz”

Maribel Serrano afirma que tiene recuerdos del viaje en coche en el que cruzó la frontera entre México y Estados Unidos, con cuatro años. Nunca les ha preguntado a sus padres los detalles. “Nunca nos dijeron que éramos indocumentados”. Un día le pidió a su madre la documentación para hacerse el carné de conducir, como sus amigos. “Me dieron un sobre con unos documentos falsos. Me di cuenta y se me cayó el mundo encima. Nunca los usé”. Asegura que nunca ha confrontado a sus padres sobre su situación. En su casa no se habla de eso. Con la vida adulta llegan los problemas prácticos. No podía tener la ayuda financiera que necesitaba para ir a la escuela de diseño, como quería. Tardó ocho años en licenciarse en Políticas y Periodismo, en 2013. Trabajó en restaurantes y hoteles. Dice que se sobrevive “sabiendo tratar con la gente”, que poco a poco “vas encontrando agujeros” en las leyes y en la economía. Cuando le dieron el DACA y vio que podía tener un número de Seguridad Social y un carné de conducir, “fue como soñar despierta”. Ahora, además de preparar un documental con su historia, es coordinadora de programas en la Latino Chamber of Commerce de Los Ángeles. Se ha acostumbrado a no hacer planes a largo plazo, como tener hijos. En octubre pasado, fue por primera vez a México. “Quería ir antes de las elecciones porque sabía que podía pasar cualquier cosa”. En efecto, ya no se puede viajar y no está claro que aquellos a los que la decisión ha pillado fuera del país tengan fácil volver. La victoria de Trump en noviembre le produjo ansiedad: “Estuve llorando meses”. “Creo que tenía más miedo al principio, creí que lo iban a quitar el primer día. Pero ahora estoy cansada de eso. Ahora estoy motivada para contar mi historia. Estoy viendo tanto apoyo. Una cosa que te hacía sentir tan solo y ahora es noticia nacional. Ahora tenemos voz”, afirma. El miedo se mezcla con cierto tono de desafío entre los jóvenes DACA desde el martes. “Es hora de saber cuáles son los valores de este país y qué queremos. Yo he llegado hasta aquí. Ahora le toca a este país y a sus representantes decidir qué país quieren ser”. En su caso, después de años indocumentada, “estoy preparada para cualquier cosa”, afirma.

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